LA VERDAD

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viernes, marzo 21, 2014

JUAN CALVINO Y EL PRINCIPIO REGULATIVO DE ADORACION


John Calvino (1509-1564)

Calvino a través de sus escritos fue claro en lo que respecta a la adoración en la Iglesia. El sabía que el papado no solo había corrompido la teología, pero también la forma de adoración en la iglesia. Para esto, Calvino demuestra que fueron los Papistas los cuales inventaron todo un sistema ritualístico de adoración de origen humano y que por consiguiente no tiene fundamento bíblico. El principio es el mismo que las iglesias Reformadas ha seguido en todo el Continente: "No debemos adorar a Dios excepto en la forma en que el manda en Su Palabra." El siguiente extracto de su comentario sobre el libro de Jeremías y Lamentaciones confirma que Calvino enseñaba el principio regulativo de adoración dentro de la iglesia Reformada:


"Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle de Ben-hinom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego, lo cual yo no mandé, ni me pasó por la mente". (Jeremías 7:31)

Nosotros percibimos que no hay fin en el pecar, cuando los hombres se rinden a sí mismos a sus propias invenciones; pues Dios los entrega a Satanás, para que ellos puedan ser guiados por el espíritu de aturdimiento y  de demencia y de estupidez. Aprendamos lo que Dios aprueba: y que esto sea el principio de nuestra indagación, que donde sea que estemos haciendo algo, sepamos si esto es lo que Dios manda; y esto por supuesto debe ser observado especialmente con relación a Su adoración; pues como ha sido ya establecido, la religión es especialmente fundada en la fe, y la fe está basada en la palabra de Dios; de donde de aquí se agrega: "Lo que no te he mandado, y lo que nunca vino a mi mente."

Esta razón debe ser cuidadosamente tomada en cuenta, pues Dios aquí corta de los hombres cualquier ocasión de hacer evasiones, ya que El condena a través de esta frase, “lo que yo no mande,” cualquier cosa que los Judíos han inventado. No existe entonces otro argumento que se necesita para condenar las supersticiones excepto que esos mandamientos no son mandados por Dios: pues cuando los hombres permiten ellos mismos el adorar a Dios de acuerdo a sus propias ideas, y no prestan atención a sus mandatos, ellos pervierten la verdadera religión.

Y si este principio [lo que Dios no ha mandado] fuese adoptado por los Papistas, todos esos modos ficticios de adoración caerían al suelo. Es en verdad una horrible cosa para los Papistas el buscar olvidar sus deberes hacia Dios al practicar sus propias supersticiones. Si tan solo ellos, los Papistas, admitieran este principio: “que no podemos adorar a Dios correctamente excepto cuando obedecemos Su palabra," ellos serían liberados de sus más profundos abismos de error.

 Las palabras del profeta,  entonces, son muy importantes cuando él dice, que Dios no ha mandado tal cosa, que los hombres mismos asumen mucha sabiduría cuando ellos inventan algo que Dios nunca ha requerido, es decir, que El nunca conoció. 



FUENTE:

John Calvin, "Comentarios sobre el libro del Profeta Jeremías y las Lamentaciones," trans. and ed. (Geneva, 1589).

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